lunes, 26 de octubre de 2015

II Carrera contra el cáncer en Huesca... ¡lo conseguimos!

¡¡Conseguido!! ¡II Carrera contra el cáncer en Huesca!

Nuestra primera carrera superada... Aún no me lo puedo creer... Ha sido increíble, me ha encantado, ¡quiero repetir! Jeje. Me hubiera encantado hacer la Carrera de la Mujer, aquí en Zaragoza pero cuando me fui a inscribir... ¡ya no había plazas! Menuda rabia me ha dado, jooo, pero bueno, para la próxima será.

¡Nuestros dorsales!
Bueno, pero ahora lo que queréis saber es como me fue la carrera. (O eso imagino, sino... ¿por qué ibais a leer esto? ¿no?). Así que os lo contaré. Lo primero, deciros que cuando llegamos había un montón de gente, no me hubiera imaginado que pudiera haber tantísima gente. Por ello, 1º consejo para tu carrera: llega lo más pronto que puedas, para que puedas localizar todo tranquilamente, sepas desde donde se sale, donde está el avituallamiento y lo más importante, ¡te puedas colocar en un buen sitio!. Y por qué es tan importante esto, os preguntaréis, pues muy sencillo porque os determinará cómo llevaréis la carrera, o al menos eso me paso a mí.

A ver que os explico, imaginaros un mogollón de gente que lo tapa todo (primeros nervios), no sabes de dónde se sale (segundos nervios), y no puedes regirte por donde está la gente, porque toda está junta, los que no la corren, los que corren, los abuelitos, los niños, todos... (más, más nervios). Entonces, el que habla por los altavoces (al que encima, no se le entiende nada), va diciendo que va a comenzar la carrera en breve y ves como, poco a poco, la masa de gente se va moviendo hasta lo que parece ser la salida. Pero allí tu sorpresa, cuando ves que el mogollón de gente (abuelit@s, niños, niñas, carritos, perrit@s, las simpáticas de "¡selfiee!!!"...), te separan de la línea de salida. Y por mucho que busques, no encuentras ni un hueco por donde meterte. Así que, en ese momento, los primeros nervios, los segundos, y los más, más nervios, se juntan con los... ¡NERVIOS! En ese momento piensas que te va a dar algo. ¿¡¿Cómo voy a conseguir hacer una buena carrera, si apenas puedo dar 2 pasos?!?
Aquí podéis haceros una idea de la masa de gente.

Entonces, oyes el ¡piiiiiiiiiii! que da comienzo a la carrera, pero lo mejor de todo es que, aunque tú lo oyes... ¡no te puedes mover! Hasta que la masa de gente se va moviendo poco a poco y comienzas a... ¡andar! ¡ANDAR! ¿Cómo vas a andar en una carrera?? Allí se ¡corre! ¡correeeee!... Y cada vez estas más atacada, esto va a ser imposible, piensas. De repente, una luz... ¡hay una hueco entre la masa y la pared! Y, como es normal, aprovechas a correr (repito, ¡correr!, eso que se suele hacer en una carrera) y cuando ya coges la directa, y vas corriendo más... ¡zas! ¡Selfieeeeeee! La masa se separa y ves el grupito de las simpáticas, entonces gracias a tus reflejos paras en el acto, ¡claro! como vas a seguir corriendo, ¡es imposible! Y piensas... a ver hijas mías de mi vida y de mi corazón, que las carreras están para correr, no para pararse cada 2 metros para hacerse la foto (al menos, eso pienso).

Otra vez, atacada de los nervios sin poder correr (¡qué es lo que quieres!). Al cabo de un rato, otra luz en la masa, que poco a poco se va haciendo más clara, y ves un huequito... ¡vamos allá!... 1 paso... 2 pasos... "¡ZASS!"... ¡NOOOOO!.... Otra vez no... Parada en seco, pero no por las del selfie, esta vez la parejita de las 2 abuelitas, que parece que están dando el paseíto por el coso, pero eso no es lo mejor, sino que te ven, ¡te han visto correr!, lo lógico es echarse a un lado ¿no?. Pues... ¡NO! Ellas siguen con su paseíto... ¡Otro hueco, por fin! Pero esta vez ni llegas al primer paso, porque el perrito aparece en medio, y claro el pobre no tiene la culpa y no lo vas a saltar...

Ya no puedes más con tus nervios, estas atacadísima, y lo peor es que ya llevas un rato así. Por suerte... una acera... tu oportunidad para adelantar a la masa. Así que pones todas tus fuerzas en correr más rápido, ya casi lo consigues... ¡nooo! Otra vez parada de golpe... un niño sale corriendo de un coche... No pasa nada, lo esquivas... sigues corriendo, lo vamos a conseguir, ¡corres! ¡Estás corriendo! Pero... vuelta a las calles estrechas... Otra vez estas andando... y más cansada de lo que pretendías al empezar la carrera. Nervios, sprint, paradas, más nervios... todo eso se ha unido.

¡Por fin! La calle se ensancha otra vez, y... ¡ves el fin de la masa! Ya puedes ver a la gente que, como es lógico en una carrera, ¡está corriendo! Así que sacas fuerzas y corres al máximo para adelantarlos... ¡siiiii! Por fin, ahora sí ¡voy a correr! Bajas un poquito el ritmo, y comienzas con el ritmo que se supone que tendrías que haber empezado la carrera. Repito, empezado... cuando ya se supone que has hecho 1 km.

Lo estas consiguiendo, corres con la gente... adelantas a algunos... otros te adelantan... Por fin me sentí bien, estaba haciendo lo que había ido a hacer... ¡correr! Era una maravilla, incluso estaba controlando mi respiración (algo que me preocupaba). Pero entonces... ainsss... pobre de mí. Todo lo de antes me estaba pasando factura, las piernas cada vez me estaban ardiendo más, apenas me respondían, solo se levantaban la mitad de lo que quería... No podía ser... Mis piernas me estaban fallando... No sabía cuanto quedaba, ni cuanto llevábamos... me sentía perdida... y tuve que parar. Casi no me lo creo cuando le dije a Rubén no puedo, tengo que bajar... Así que caminamos, algo que no quería hacer bajo ningún concepto. Así que 2º consejo para tu carrera: si puedes, empieza suave, y tranquila, no como yo...

Solo fueron 3 minutos, pero caminamos... (no sabéis lo que me arrepiento de eso). Y volvimos a correr otra vez, aún me dolían las piernas... ¡dios como dolían! Pero debía seguir, tenía que seguir, quería seguir... Pero otra vez... mis piernas no podían... y cuando llevábamos un buen rato corriendo, volvimos a parar... pero solo... ¡1 minuto!. Esta vez me negué a parar más. Además, Rubén me dijo que ya quedaba menos, que solo un poquito más y lo habíamos conseguido, así que me aguanté el dolor y corrí. No se si fue el saber lo que quedaba, o lo que ya habíamos echo, pero esos momentos fueron cuando más disfrute, me gustaba estar corriendo allí, con todos, y sobre todo con Rubén (gracias a él la logre acabar, él fue mi fuerza, y mi apoyo, gracias a él no me vine a bajo y paré del todo). Las piernas dolían, ahí si dolían... Pero no importaban, no en ese momento, solo correr, bajamos un poco el ritmo, pero no quería volver a parar.

Por fin ya quedaba menos, lo estábamos logrando, Rubén quería hacer un sprint final ya, pero mi cabeza me decía que no, que no podría llegar. Entonces vi la meta, ¡la meta! En ese momento todo cambió... ¡TODO! ¡Ahora! Le grité a Rubén. Y era ahora... Todo desapareció, el dolor de piernas, la gente, todo... Solo estaba yo y la meta... Cada vez corría más, no me lo podía creer... ¿cómo podía correr tanto? Mis piernas se levantaban más de lo que yo hubiera imaginado, jamás pensé que correría tanto, ¡jamás! Y cuando crucé la meta me sentí ganadora, no importaba que no fuera de las primeras, solo que lo había conseguido, que logré llegar y que por ese último momento, merecía la pena todo el esfuerzo de la carrera. Ese momento es único, solo importas tú, y que lo has conseguido, es un momento maravilloso, que sin duda, quiero repetir. Y os recomiendo que lo probéis, merece la pena, todo lo que pasas durante la carrera, merece la pena por ese momento.

Nuestro delicioso postre para recuperar fuerzas.
Y luego, bueno, luego es una maravilla, te sientes que lo has conseguido (que te vas a desmayar en cualquier momento) pero que lo has conseguido. Y sin duda, quiero repetirlo, y ¡conseguir más!.

Luego, en el avituallamiento, me comí una manzana que me supo a gloria, no se por qué, pero me sentó genial, estaba exultante, había conseguido más de lo que hubiera imaginado, y lo habíamos hecho juntos. Aunque al pobre Rubén lo dejé atrás en ese sprint, pero lo hicimos juntos, aún me da la risa cuando me acuerdo que me dijo que no me había podido alcanzar.

Ainsss... que ganas tengo de correr otra. En serio, chic@s os recomiendo que lo hagáis, que lo probéis, una pequeña, como yo, no hace falta más, pero tener esa experiencia, merece la pena, de verdad.

Y ahora, ya os dejo tranquilos, jeje. Muchas gracias por leerme una vez más y prometo que la próxima vez serán recetas, la de los cupcakes que nos tomamos después, ¡qué aún os la debo!.

Un beso muy grande y disfrutar de la vida, y de los pequeños placeres que nos da, como los cupcakes y el running, jeje.